Tengo un adolescente en casa.
Bueno, en realidad casi dos.
Muchas veces tengo la sensación de que no hablamos el mismo idioma.
Es más, vivimos en universos paralelos compartiendo el mismo Wi-Fi. Si yo digo "ahora", ellos entienden "ya si eso el mes que viene" (o sea, nunca).
La organización no existe.
Todo es inmediato, depende de una pantalla y se decide en el último segundo. ¿Te suena?
Esta mañana en la obra he tenido un déjà vu.
Estaba intentando explicarle a un fabricante la ventana exacta que necesitamos para el proyecto.
Y oye, que no.
Que él estaba empeñado en colocar la que le salía de ahí.
Porque sí.
Porque es la que siempre pone o la que más margen le deja.
Evidentemente, esa ventana no se va a colocar.
Por suerte para nuestro cliente.
Porque si se instalase, estaría pagando por algo de calidad muy inferior a lo que su casa necesita.
Lo peor es que, probablemente, ni se daría cuenta de que le están dando gato por liebre hasta que llegara el primer invierno.
Eso es, precisamente, lo que hago en mi consultoría.
Ayudo a propietarios y técnicos a elegir las mejores soluciones técnicas.
Pero no me quedo en el papel: verifico que lo que se ha pagado es exactamente lo que llega a la obra.
Esté a la vuelta de la esquina o a 1.000 km de distancia.
Por suerte, hoy la tecnología nos permite que los "listos" no se salgan con la suya, vivas donde vivas.
Solo me queda una plaza libre para consultoría este mes.
Si andas vivo y quieres que alguien cuide de tu inversión como si fuera su propia casa, es tu momento.
Si no, cerraré agenda durante un tiempo para centrarme en los proyectos actuales.