No sé muy bien por qué, pero hay lecciones que se te quedan grabadas en la retina.
A mí me pasó en una clase de Lengua.
El profesor nos habló de las jergas.
En ese momento caí en algo: yo no hablaba igual con mis padres que con mis amigos en el parque.
Era totalmente inconsciente, pero la diferencia era brutal.
A medida que avanzas, te das cuenta de que el mundo está lleno de muros lingüísticos.
Médicos, abogados, notarios... parece que hablasen un idioma diseñado para que no entiendas nada.
Y luego estamos los arquitectos.
En la escuela nos educan para eso.
Se supone que trabajamos para personas, pero nos enseñan a analizar un edificio hablando del equilibrio entre "lo tectónico y lo estereotómico".
Y claro, luego la gente nos mira raro.
El problema no es que parezcamos pedantes.
El problema es que, mientras hablamos en código, dejamos de comunicar lo que importa.
Por ejemplo, el radón.
Es un gas.
Puede estar en tu casa ahora mismo.
Puede estar envenenando a tu familia en silencio, y tú no lo sabes porque nadie te lo ha explicado sin usar palabras de cinco sílabas.
He decidido romper esa barrera.
En mi masterclass "Radón: el enemigo invisible", aterrizo el tema de forma sencilla.
Sin jergas.
Solo lo que es, dónde está y, sobre todo, cómo proteger a los tuyos.
Quiero proteger mi casa del radón
PD: Recuerda que los miembros del grupo Con Sentido acceden con precio reducido. Solo hasta mañana.
Te das de alta aquí, aprendes a salvar tu casa y amortizas la cuota al instante.