Seguramente has visto el meme: lo que pides por AliExpress frente a lo que te llega a casa.
En un pedido de 10 euros, tiene su gracia.
En una obra de miles de euros, es para echarse a llorar.
Ayer tuve una reunión con unos clientes que estaban, literalmente, hundidos.
Habían negociado las calidades directamente con el constructor, saltándose a la dirección técnica "para agilizar".
¿El resultado?
Unos materiales que en su cabeza eran de lujo y, en la realidad, parecen sacados de una liquidación de saldos.
El problema no es el material en sí, es la expectativa defraudada.
Ese descontento nace de un error muy común: no saber qué estás comprando realmente.
Ellos imaginaban un acabado, pero firmaron otro.
Y ahora, cada vez que entren en su casa, ese suelo o ese azulejo les recordará que tomaron decisiones sin el apoyo de los profesionales que ya habían contratado.
Hubiese sido todo mucho más fácil si se hubieran apoyado en la dirección facultativa.
Pero no lo vieron necesario.
Creyeron que se ahorraban un paso, cuando en realidad estaban comprando un billete directo a la frustración diaria.
Tengo claro que el servicio que más valoran mis clientes es la consultoría.
Es un servicio donde, por una fracción ridícula del coste de la obra, evito que tus expectativas se estrellen contra la realidad.
Yo me encargo de que lo que tienes en la cabeza sea exactamente lo que el constructor pone en el presupuesto y, después, en tu pared.
Si quieres que tu obra se parezca a tus sueños y no a un mal meme de internet, todo empieza aquí.