Suele decirse que, a partir de los 30 años, un deportista de élite es viejo.
En el mercado laboral pasa algo parecido: parece que si pasas de los 50, te cuelgan la etiqueta de "obsoleto".
Menudo error.
Ahí tienes a Ray Kroc, que empezó a hacer gigante a McDonald's a los 52 años cuando solo vendía vasos de papel.
O a la esquiadora Lindsey Vonn, volviendo a ganar con el cuerpo lleno de cicatrices y lesiones graves.
El talento no tiene fecha de caducidad, lo que sí caduca es la soberbia.
Te cuento esto porque en mis consultorías trabajo a menudo con arquitectos.
Históricamente, al arquitecto se le ha visto como un "Dios intocable".
Alguien que podía (o debía) sacar adelante un proyecto de media envergadura él solo.
Pero hoy eso es una trampa mortal.
Sacar adelante cualquier proyecto ahora exige conocer normativas tan farragosas y cambiantes que, si intentas hacerlo todo tú solo, lo más probable es que lo hagas todo mal.
Uno pensaría que los jóvenes son los más abiertos a colaborar, pero me llevo sorpresas constantes.
Ahora mismo trabajo con un par de arquitectos de avanzada edad.
Gente que podría estar pensando en su jubilación, pero que sigue al pie del cañón. ¿Sabes qué es lo mejor?
Preguntan por cada detalle con la curiosidad de un niño que está saliendo del cascarón.
No les importa no saberlo todo; les importa aprenderlo todo.
Es un gusto trabajar con personas así.
Y ese es exactamente el tipo de gente que hay dentro del grupo Con Sentido.
Con Sentido no es un foro más.
Es el lugar donde:
La gente pregunta sin miedo.
La gente responde sin prepotencia.
Se comparten problemas reales y se encuentran apoyos reales.
Debatimos con criterio para construir un futuro mejor (y más rentable).
Si eres de los que cree que todavía tiene algo que aprender, o de los que sabe que en equipo se llega más lejos y con menos multas, este es tu sitio.
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