Muy buenas.
Ayer te hacía una pregunta sobre cómo gestionar una crisis de reputación provocada por un error.
Casi todos me respondisteis pensando en el cliente.
Y sí, dar soporte inmediato para solucionar el problema es una premisa irrenunciable.
Si fallamos, arreglarlo es lo primero.
Eso es obvio.
Pero mi pregunta no iba por ahí.
Iba de lo que pasa de puertas afuera.
De la imagen de marca.
Del tipo de profesional o empresa que queremos ser cuando el error se amplifica en las redes sociales o en el boca a boca del sector.
¿Y cuál es la actitud habitual en la construcción?
Taparlo.
Esconder la cabeza.
No hay más que entrar en cualquier foro del sector y buscar críticas a empresas.
Difícilmente las vas a encontrar.
Y los administradores saben bien por qué: si alguien critica, la empresa no entra a dar la cara; entran sus servicios jurídicos a amenazar con una demanda si no se retira el mensaje.
A mí, sinceramente, esa postura me parece ridícula.
No somos seres de luz.
Y cuando intentamos parecer perfectos ante los demás, lo único que conseguimos es el efecto contrario.
Ponernos a la defensiva demuestra miedo.
Reconocer el error, poner la solución sobre la mesa y mostrar nuestras vulnerabilidades, aunque parezca contraintuitivo, nos hace infinitamente mejores y más humanos a los ojos de los demás.
La honestidad vende más que la perfección fingida.
De esto, de las fortalezas, de las debilidades y de los errores reales (y también de las bondades, claro) es de lo que hablaremos en la masterclass sobre aerotermia: "No es oro todo lo que calienta".
Para que puedas decidir y opinar con criterio de verdad.
Sin mitos.
A la venta solo por unos días más.
Si quieres tomar el control, es aqui.