Una cosa que me gusta en Edimburgo es ir a pequeños negocios de comestibles.
Los españoles somos el cliente ideal de cualquier tendero local de alimentación.
Nacidos para comer…
(Los italianos, griegos, portugueses también, pero no he coincidido con ellos en las tiendas.)
Nosotros compramos más de dos filetes o dos pescados, sabemos pedir los trozos buenos y nos gusta disfrutar de la comida.
El good morning por la mañana no suena igual que el del resto de los nacionales. A nosotros nos sonríen más.
Así que da igual el inglés que hables, porque cuando reconocen tu acento spanglish huelen el “high ticket” que te van a soltar.
(Igual sonríen más por eso.)
Fíjate, una vez entré en una pescadería regentada por chinos y la dependienta me decía los nombres de los pescados en español.
Pero los pura sangre de las ventas, con diferencia, son los pakistaníes…
Aquí estos suelen regentar pequeños colmados con sus productos típicos y es donde compro especias, legumbres y frutos secos que no puedo encontrar en un supermercado escocés.
Ellos son como ese vendedor de la calle que sabe que no vas a salir de su tienda sin nada.
Yo no sé si es por la ruta de la seda o qué.
Pero por el brillo de tus ojos saben si ese día vas a comprar mucho o solo un par de faltas…
Si se huelen lo primero, nada más entrar los tienes a una distancia prudencial, reponiendo cualquier paquete de lentejas en la estantería…
Y cuando ven tu mirada perdida por no encontrar lo que buscas,
¡PAM! Ahí están como el que no quiere la cosa…
Ah, y antes de dudar de si llevarte o no uno de sus productos, ahí están comprometiéndote con una degustación o tapeo de algo…
Son los reyes de esas técnicas de venta de la vieja escuela.
Te van hablando de lo tierna que está esa variedad de lentejas a medida que toman el paquete y lo escoltan hacia la estantería para crearte la demanda y dilema de pérdida de oportunidad...
Pero mientras te quitan el paquete y tú mantienes el contacto visual, por el otro lado se alarga otra mano con la especia clave de la receta que te están dando...
Al final sales con unas lentejas del color que no querías y una especia nueva.
¡¡Unos cracks!!
Siempre he pensado que si estos tipos dieran clase de psicología de ventas, iban a dejar a los de Harvard en ridículo…
El caso es que cuando lo traslado a marketing, veo que todo el mundo cree conocer al cliente al que le prepara las campañas, pero los avatares ni de lejos están tan estudiados como el de estos tenderos de la vieja escuela.
¡¡Por los de la vieja escuela!!
Beatriz Aguilar
Socialancer.com
PD: ¿Cuánto tiempo sueles dedicar tú a investigar el comportamiento de tus públicos? ¿Utilizas las técnicas de los avatares u otras? Si me contestas te contesto. ;)