Hacer que una obra sea eficiente y confortable, lograr que una casa funcione con la precisión de un reloj suizo, es mucho más sencillo de lo que parece.
Solo es cuestión de saber lo que hay que hacer... y hacerlo.
El problema es que en este sector no todo el mundo vale.
Esta semana tuve que parar una obra por completo y mandar de vuelta un cargamento de ventanas.
El constructor simplemente no sabe, ni entiende, el porqué de las cosas.
Y no será porque no me tomo mi tiempo en cada visita de obra para explicárselo paso a paso.
Le da igual.
Él prefiere hacer las cosas «a su manera».
Esto, lógicamente, está siendo un calvario para la obra y para el promotor, que ve cómo los retrasos se le acumulan en la cara.
Si de mí dependiese, ese constructor habría estado de patitas en la calle el primer día.
Pero es una obra pública.
Y como el dinero de todos no es de nadie, al final las licitaciones se las llevan empresas como esta: piratas que se presentan a un proyecto sin haberse estudiado lo más mínimo lo que tienen que hacer.
Si tú vas a ser el promotor de tu propia obra, o eres el técnico al mando, grábate esto a fuego: el éxito empieza por elegir bien al equipo que te va a acompañar.
Técnicos solventes y una constructora concienciada.
Sin eso, todo lo demás no vale una mierda.
Rodearte de los mejores te hace mejor.
En el Grupo con Sentido estamos convencidos de ello.
Allí dentro hay ingenieros, arquitectos y profesionales muy valiosos que conocen a otra gente igual de valiosa, y particulares que se aprovechs de esa experiencia.
Todos con vocación de ayudarse y recomendarse soluciones reales.
La oportunidad de entrar por 20€ al mes dura solo 5 días más.
El viernes cierro el acceso y no sé cuándo volveré a abrir.
Si prefieres la precisión suiza a las chapuzas «a mi manera», te veo dentro: