Entender la eficiencia energética es como aprender a montar en bici: una vez que empiezas, te vicias.
Te obsesionas con probar cosas nuevas, afinar detalles y diseñar con cabeza.
Y suele funcionar.
Hasta que llega el factor que no controlas: el humano que vive dentro.
Puedes hacer el cálculo perfecto, pero un usuario que no entiende lo que tiene entre manos te lo tira por tierra en cinco minutos.
Es como un coche.
El mismo coche consume el doble dependiendo de si lo conduzco yo o lo conduce un piloto eficiente.
El trayecto es el mismo, el gasto no.
Por eso tu vivienda consume mucho y la del vecino, que es idéntica, consume la mitad.
¿Cómo se arregla este desastre sin tener que educar al usuario?
Con domótica.
Y no, no hablo de esa domótica de «pijada de niños bien» para encender luces de colores mientras te pones un gin-tonic y fardas con los amigos.
Hablo de la domótica de verdad. La que no se nota, la que está ahí trabajando en la sombra para que la eficiencia sea real, no solo un papel.
De eso va esto.
Durante unos días te iré hablando del tema.
Y también, durante unos días, podrás comprar la masterclass Domótica: mucho más que un juguetito.
Está en preventa a 60€. En unos días sube a 80€, que es su precio real.
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