Hace 75 años, Alan Turing ideó una prueba para saber si las máquinas del futuro podrían pensar como nosotros.
Decía que si una máquina lograba engañarte y hacerte creer que era humana, entonces era inteligente.
Durante décadas, ninguna tecnología pasó el corte.
Hasta hoy.
Con la explosión de la IA, ahora leemos textos que parecen humanos, pero que han sido escritos por algoritmos.
Quizá no te des cuenta a primera vista, pero si trabajas con esto, se nota.
Les falta alma.
¿Significa eso que no hay que usarla? Para nada.
Yo uso la IA a diario. Es como tener un becario hormonado: resuelve tareas tediosas rápido y sin protestar.
Pero el toque final, el alma, lo pongo yo.
Es lo bueno de la tecnología: que te facilite la vida sin que se note.
Con la domótica pasa exactamente lo mismo.
A menudo se asocia a la ostentación, a luces de colores y a enseñar el móvil a las visitas para subir una persiana.
Pero la mejor domótica para tu proyecto, ya seas técnico o propietario, no es esa.
La mejor domótica es la invisible.
La que está ahí, trabaja por ti, ahorra energía y confort, y sin embargo pasa completamente desapercibida.
Si estás envuelto en un proyecto de edificación y quieres entender cómo la tecnología debe servirte a ti (y no tú a ella), tienes la Masterclass:
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No lo dejes, y no digas que no te advertí.