La semana pasada me perdí en Avilés.
No literalmente —aunque hubo momentos de vértigo— sino en emoción, reencuentros y conversaciones infinitas.
Como cada año, allí tuvo lugar la Conferencia Passivhaus.
Y como cada año, no podía faltar.
Un evento que ya no es solo un punto de encuentro para hablar de eficiencia energética y confort.
Es casi una reunión de tribu.
Un lugar donde la técnica se mezcla con la amistad, donde los proyectos se discuten entre cervezas y donde se respira algo que no cabe en un catálogo: pasión compartida.
Pero este año para mi, fue distinto.
Muy distinto.
Por dos motivos:
Se celebraba en mi tierra, en Avilés.
Y además, me tocó estar dentro de la organización.
Eso lo cambia todo.
Se vive de otra manera.
Más intensa. Más agotadora. Más gratificante.
Aún resuenan las charlas, los proyectos, las dudas, las ideas locas, los abrazos que se deben desde hace un año.
Pero hay algo que quiero destacar por encima de todo:
Las personas que os acercasteis a saludarme.
Algunos me conocíais. Otros no. Pero muchos os presentasteis como lectores de esta newsletter.
Y eso, sinceramente, me dejó sin palabras.
Gracias. De verdad.
Aunque me hubiera gustado tener más tiempo para charlar con cada uno, os agradezco de corazón que estéis ahí. Que esto no sea solo una lista de correo, sino una comunidad que respira, crece y se reconoce.
Ah, y antes de que se me olvide…
Quiero dar las gracias también a todos los que ya habéis entrado en la masterclass "El sistema NO es el problema".
Como sabéis, el precio subió.
Y sí, aún está disponible durante unos días más.
Pero si quieres entrar, no te duermas.
Ya sabés cómo funciona esto: después, desaparece.
Y no vuelvo a colgarla hasta… quién sabe cuándo.
Así que si estás harto de pensar que lo que falla es el sistema, y no sabes por dónde empezar a cambiarlo… esto te interesa.