Ayer estuve en la obra.
De nuevo.
Es una rehabilitación pública que acaba de empezar.
La contrata tiene ganas, pero les falta "músculo" técnico.
En tres días, he ido dos veces.
Me ha tocado estudiar cada detalle con el encargado como si no fuera mi propio proyecto.
Muchos promotores se ponen nerviosos con esto.
Quieren cerrar un número de visitas por contrato.
Como si la arquitectura fuera ir al gimnasio con un bono de 10 sesiones.
Es un error.
Si ayer no paso por allí, en dos días me encuentro con una cubierta mal montada.
¿Y luego qué? ¿Hacemos la vista gorda o mandamos desmontar con el sobrecoste y el cabreo que eso conlleva?
La realidad es que hay que estar cuando hay que estar.
Ni más, ni menos.
Si quieres hacer bien el trabajo, el calendario es papel mojado; lo que manda es el estado de ejecución en tiempo real.
De este tipo de "marrones" y otros, de cómo gestionarlos para que no te cuesten la salud (ni el dinero) hablamos cada día en el grupo Con sentido.
Si quieres rodearte de gente que entiende que una obra no se dirige desde un Excel, te esperamos dentro:
Quiero unirme al grupo con sentido
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