Mi abuelo era muy aficionado a la lotería: compraba cada semana y redoblaba su fe en Navidad.
Si al final de su vida hubiese guardado todo ese dinero en un cajón, habría acabado acumulando una pequeña fortuna.
Pero no, nunca le tocó nada significativo y mi padre va por el mismo camino.
Dicen que la ilusión es lo último que se pierde, pero las estadísticas son frías: el 85% de los premios de azar se malgastan en solo 30 días y el 70% de los ganadores termina en la ruina antes de cinco años.
Esperar que la suerte te solucione la vida es como navegar como un "barco sin luces en la noche":
Puedes estar pasando al lado del tesoro y no enterarte nunca.
La mejor lotería es la que tú mismo fabricas.
En el último año lo he visto claro: donde mejor invertido está tu dinero es en dominar (o disfrutar) de tecnologías que otros ven como "juguetitos", pero que son el verdadero Plan B cuando el viento cambia de dirección.
Si eres proyectista: Tus clientes ya no buscan solo cuatro paredes; buscan soluciones que les hagan la vida más fácil.
Aprender a integrar inteligencia en tus proyectos te pone a años luz de tu competencia, permitiéndote ofrecer viviendas que se venden solas porque resuelven problemas antes de que el cliente los nombre.
Si eres el usuario que vive la casa: La verdadera riqueza es el tiempo y la tranquilidad.
No se trata de luces de colores; se trata de una casa que ahorra energía mientras tú duermes y que es tan confortable que, al cruzar la puerta, sientes que el hogar realmente trabaja para ti y no al revés.
Hoy y mañana aún puedes comprar la masterclass: "Domótica: mucho más que un juguetito".
Aprenderás a aportar mejores soluciones si diseñas, y a vivir en una casa más cómoda y ahorradora si eres quien la habita.
El domingo la retiro de la venta.
Sin excepciones.