Ayer estuve reunido con una periodista de uno de los medios más importantes del país.
Está preparando un artículo sobre eficiencia energética y necesitaba una fuente fiable. Así que ahí estuve, hablando claro, sin rodeos.
Uno de los temas que tocamos fue el desastre energético de la mayoría de viviendas que ya existen.
Pero hay algo todavía peor: lo mal que se están haciendo muchas de las viviendas nuevas. Sí, nuevas. Las que, en teoría, deberían ser un ejemplo.
Y todo tiene un denominador común: exigencias más duras... pero solo sobre el papel.
La normativa se ha endurecido, pero los mecanismos de verificación siguen igual de flojos que siempre.
¿El resultado?
Para que un edificio "cumpla", basta con que alguien lo ponga en un papel. Así, en mayúsculas: CUMPLE.
Nadie lo comprueba.
Y eso que hoy es tan fácil como hacer una probeta de hormigón. Pero no está en el ADN del sector. Todavía no.
Así que cualquiera puede decir que construye con eficiencia energética A.
Y algunos, los más osados, te sueltan que es passivhaus, aunque no haya ni un sello oficial cerca.
¿La realidad?
Muchas veces lo que hacen son auténticas mierdas pinchadas en un palo.
¿Y qué puedes hacer tú para no tragarte una de esas?
Solo hay una forma: rodearte de un equipo de profesionales que sí sabe lo que hace. Gente que no solo te pone “CUMPLE” en un papel, sino que hace que cumpla en la vida real. En tu factura. En tu confort. En tu salud.
Yo no puedo evitar que el mundo esté lleno de caraduras.
Pero sí puedo ayudarte a que tu vivienda funcione como debe.
Y no solo sobre plano.
El proceso es simple: contratas la consultoría previa, y nos ponemos a trabajar.