Nos guste o no, y mande nuestro país tropas o no, todos estamos metidos en las consecuencias de una guerra global.
No hace falta leer los periódicos para saberlo; basta con mirar el marcador de la gasolinera o el susto mensual en la factura de la luz.
Lo más frustrante es la sensación de impotencia.
Es un asunto que, claramente, no está en nuestras manos... ¿O sí?
Aunque no podemos detener el conflicto, sí podemos tomar decisiones para que, cuando el mundo se vuelva loco, seamos lo más independientes posible.
Hablo de que los vaivenes geopolíticos dejen de generarte angustia y estrés.
La clave: Baja dependencia energética.
Si diseñamos nuestros edificios para que necesiten muy poquita energía —y para que ellos mismos produzcan la que consumen—, el mercado energético nos afectará entre poco y nada.
Es la diferencia entre ser una víctima del sistema o el dueño de tu propio suministro.
El problema es que esta claridad solo nos llega cuando nos tocan el bolsillo.
Cuando la guerra acabe y los precios bajen, la mayoría volverá a olvidar... hasta la próxima crisis.
En la formación "Crece con Energía" te enseño dos cosas vitales:
A diseñar edificios que casi no requieren energía.
A comunicarlo, para que tus clientes entiendan que no compran ladrillos, sino libertad y seguridad.
Saber vender esa visión es tan importante como saber proyectarla.
PD: Mañana se cierran las puertas del programa.
Si quieres dejar de ser vulnerable a los mercados externos y liderar el cambio en el sector, el momento es hoy.
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