Abres la nevera porque vas a hacer la comida.
Si está ordenada y llena de cosas, la miras, analizas la situación y decides con calma lo que vas a preparar.
Es fantástico.
Pero también puede pasar todo lo contrario: que abras la nevera y esté completamente vacía.
Unos restos de comida de hace tres días, un par de yogures caducados y aire, mucho aire.
Es evidente que la nevera no se llena sola.
Si queremos que su contenido sea útil para nosotros, tenemos que ser previsores, tomarnos la molestia de planificar y tenerla siempre a nuestra disposición.
Con nuestros conocimientos en el sector de la construcción pasa un poco lo mismo.
Da igual si eres un apasionado del ladrillo, un técnico cualificado o un trabajador vinculado al sector; a veces podemos cometer el error de dar por hecho que lo sabemos todo.
Pero el mercado cambia, los materiales evolucionan y las normativas se vuelven más complejas.
Si no mantienes al día tu biblioteca de conocimiento, cuando te toque tomar decisiones técnicas o financieras importantes, tu cerebro no tendrá la información suficiente.
Y eso hará que tomes decisiones erróneas que destruyen el presupuesto de cualquier obra.
Mantener tu base de datos actualizada no exige irremediablemente que todo lo tengas que aprender en primera persona.
Pero sí exige que seas consciente de la complejidad del proyecto y, al menos, tengas a mano el contacto de la persona que tiene el conocimiento especializado.
El conocimiento se adquiere o se subcontrata.
Así de simple.
Con ese respaldo te garantizas que la ejecución irá bien.
Mi conocimiento está a tu servicio en mi consultoría previa.
Te ayuda a no dar palos de ciego antes de mover un solo elemento en la obra.
Actualmente solo tengo una plaza disponible. En cuanto alguien contrate el servicio, cierro las puertas de nuevo.