Ayer salía en prensa una de esas noticias que te dejan el cuerpo frío... aunque a sus protagonistas les pasa justo lo contrario.
Los vecinos del que se vendió como el edificio Passivhaus más alto del mundo van a demandar a la promotora.
Un edificio de gran envergadura, con fachada negra, sin protecciones solares en los huecos y sin sistemas activos de refrigeración.
Todo esto en Bilbao, donde estos últimos años el termómetro ha decidido ignorar lo que dicen los libros de texto.
Sin haberlo estudiado a fondo, blanco y en botella: tenía todas las papeletas para ser una sauna vertical.
Lo sorprendente no es que haya problemas.
Cuando te enfrentas a lo desconocido y diseñas algo sin precedentes de esa magnitud bajo un estándar, los fallos pueden aparecer.
Es parte del juego de innovar.
Lo que de verdad me vuela la cabeza es la reacción de los implicados y esa ausencia total de autocrítica.
El Instituto se ciñe a que "está certificado".
El Gobierno Vasco a que "cumple el código técnico" de su año (habría que ver si pasaría el actual).
Mientras tanto, hay gente a la que se le vendió un confort premium y ahora vive en un horno.
El estándar Passivhaus funciona extraordinariamente en muchos casos, pero no es una religión infalible.
Como muestra este botón, todavía necesita testeos y ajustes en ciertos edificios.
Falta humildad para admitir que el papel lo aguanta todo, pero la realidad no.
El sol es el protagonista de nuestros edificios: nos calienta gratis en invierno, pero si no entiendes cómo funciona para protegerte en verano, se convierte en tu peor enemigo.
Para que diseñes o vivas en sitios que funcionen de verdad.
La tienes por 60€ hasta el domingo. Luego, como el calor en un ático sin persianas, el precio subirá.
PD: Algunos me habéis dicho que seguís teniendo problemas con el pago. Si es tu caso, dímelo ahora mismo respondiendo a este mail y lo solucionamos.