Es curioso ver a la gente en Carnaval.
Ese vecino discreto, que nunca dice nada en el ascensor, de repente se pone una máscara y saca todo lo que lleva dentro.
Bajo el disfraz, nadie tiene miedo a equivocarse o a hacer el ridículo.
Pero en la obra, el disfraz es distinto.
Cuando surge una duda o un error técnico, la tendencia natural es "tapar".
Disfrazamos los fallos con un poco más de mortero o pladur, confiando en que el problema se quede camuflado para siempre en la estructura.
Queremos dar esa apariencia de normalidad exitosa porque el miedo a quedar como un principiante nos paraliza.
Sin embargo, hay algo que no puedes ocultar con un disfraz ni con una capa de pintura: el gas radón.
Si decides "tapar" el problema por no tomar una decisión a tiempo, la realidad te acabará encontrando.
No es una amenaza vacía.
Si tienes suerte, no te enterarás nunca. Si no la tienes, el radón te enviará el aviso en forma de cáncer de pulmón, para ti, para tu familia o para los clientes que confiaron en tu profesionalidad.
No tomar decisiones para protegerse de este asesino silencioso es, sencillamente, una negligencia que no te puedes permitir.
Jugársela no tiene sentido cuando la solución cuesta menos que una cena fuera.
Por 80€, puedes saber exactamente qué hacer y cómo solucionarlo de una vez por todas.
Sin máscaras y sin parches.
Radón: el asesino silencioso
Aviso: En unos días retiro este material de la venta y no volverá a estar disponible a este precio.