Hubo un tiempo en que no existían las redes sociales.
Internet era una cosa de frikis que apenas cuatro nerds usaban.
Por supuesto, casi no había teléfonos móviles y los pocos que había, solo servían para llamar.
Un "talego" era un billete de mil pesetas.
Estoy hablando de 1999.
La gente se concentraba ante la tele (no había Netflix), así que la conversación del día siguiente solía ser sobre lo que había pasado en la pantalla la noche anterior.
En este contexto, existía el programa "Sorpresa, Sorpresa". El argumento era simple: alguien quería darle una sorpresa a un amigo o familiar, escondían las cámaras y grababan la reacción.
Tengo aún vivo en la memoria aquel día en el autobús, yendo de Valladolid a Asturias.
Alguien empezó a contar cómo otro alguien le había contado que, la noche anterior, quisieron sorprender a una adolescente y le escondieron en el armario a su ídolo: Ricky Martin.
La leyenda cuenta que la chica, sin saber que el cantante estaba allí, cogió un bote de mermelada, se lo untó en sus partes nobles y llamó a su perro, que "casualmente" se llamaba Ricky.
En ese momento, decían, se cortó la transmisión.
Durante días no se habló de otra cosa.
Nadie lo había visto, pero todo el mundo conocía a alguien, que conocía a otro alguien, que juraba haberlo visto.
La cadena de TV y la agencia del cantante tuvieron que desmentirlo.
Jamás existió una prueba.
Fue todo mentira.
Y, sin embargo, se propagó de forma viral sin necesidad de Ticktok, Instagram ni WhatsApp.
¿Cómo pudo propagarse tal bulo por todo un país?
Porque nadie filtraba la información.
Ahora, ponte en la situación actual.
Tenemos muchísima información al alcance de la mano.
Cualquiera puede contarnos una historia.
Cualquiera tiene medios para repetir una mentira millones de veces a tu alrededor.
Lo difícil hoy en día es filtrar.
Separar lo bueno de lo malo.
El conocimiento real, del humo en lata.
Seguro que has oído frases como:
"Hoy se construye mejor que nunca".
"Viviendas pasivas sin certificar".
"Viviendas con criterios de casa pasiva".
Son el "Ricky Martin y la mermelada" de la construcción: frases vacías que todo el mundo repite, pero que nadie puede demostrarte con datos reales si no hay una certificación detrás.
Si no quieres perder el tiempo, ni dinero, ni que te mareen con cuentos chinos, yo puedo ayudarte a filtrar la verdad.
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Si no confías, sigue dando vueltas por internet. Quizá encuentres el vídeo del perro y la mermelada (spoiler: no existe).
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