Subject: 100.000 km después, cambio de planes

Dicen que en la construcción lo que no evoluciona, se queda atrás.


Pasa con los materiales, con la maquinaria y, por supuesto, con la forma en la que nos movemos entre obra y obra.


Hace ya cinco años tomé una decisión que a muchos les pareció un experimento raro: cambié uno de nuestros coches por un vehículo eléctrico.


Tenía una autonomía limitada, casi de juguete, pero lo exprimí al máximo en desplazamientos cortos.


100.000 kilómetros después, la conclusión es clara: fue un acierto total.


No me arrepiento de nada.


De hecho, me ha servido para confirmar que el futuro no espera a nadie.


Por eso, he decidido dar el paso definitivo: voy a cambiar mi otro vehículo por uno eléctrico de gran autonomía.


Uno que me permita hacer viajes largos con la misma eficiencia que el pequeño.


¿Y por qué te cuento esto?


Porque para que entre el nuevo, tiene que salir el que ha sido mi fiel compañero hasta hoy.


Te confieso que me da bastante pena.


Es un coche de gasóleo que funciona como un reloj suizo.


Ha compartido conmigo madrugones, visitas a pie de obra y miles de decisiones importantes.


Está en ese punto donde un coche ya ha demostrado que es fiable, pero aún tiene muchísima vida por delante.


Sobre todo, es un coche que un técnico o alguien que trabaje en el sector sabe apreciar: robusto, bien cuidado, con un consumo muy contenido y sin sorpresas mecánicas.


Ya no será mío, pero me gustaría que se lo quedara alguien que valore una herramienta que no falla.


No tengo prisa por venderlo, pero sé que el primero que lo vea y entienda de mecánica, se lo lleva.


Si estás buscando un coche que aguante el trote y esté impecable, puedes ver las fotos y todos los detalles técnicos aquí: